Wednesday, July 22, 2020

EL PERIODO DE LA TRIBULACIÓN (Parte 1)

EL PERÍODO DE LA TRIBULACIÓN (Parte 1) 
“... porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo…” (Mateo 24:21,22)

Después de haber visto los eventos relacionados con la Iglesia después de su traslado al cielo, estaremos tocando el tema del período de la tribulación en la tierra, lo cual ocurrirá simultáneamente. Este será un tiempo muy duro para la humanidad, será una época de angustia cual el mundo jamas ha conocido, ni conocerá después.

El profeta Sofonías lo describe como un tiempo de retribución, donde Dios castigará la maldad de los moradores de la tierra, por su rechazo a la verdad divina, 
“Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy próximo; es amarga la voz del día de Jehová; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de trompeta y de algazara sobre las ciudades fortificadas, y sobre las altas torres. Y atribularé a los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra Jehová; y la sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol.” (Sofonías 1:14-17) 

Este período tiene varios propósitos en la perspectiva de Dios: 
  1. Desenmascarar la hipocresía religiosa de los pueblos; poner en evidencia el verdadero carácter y las intenciones de los que rechazan la verdad divina y se complacen en la vida de pecado: “... entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.” (2 Tesalonicenses 2:8-10) 
  2. Hacer volver a la nación de Israel a los vínculos del pacto: “Os  haré pasar bajo la vara, y os haré entrar en los vínculos del pacto; y apartaré de entre vosotros a los rebeldes, y a los que se rebelaron contra mí…” (Ezequiel 20:37,38) 
  3. Reunir a las doce tribus de Israel, dispersas por el mundo y traerlas de regreso a su tierra prometida: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.” (Mateo 24:31)
  4. Evidenciar el engaño y la mentira de Satanás: “Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones...” (Apocalipsis 20:1-3) 
  5. La total restauración de Israel como pueblo escogido terrenalmente: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.” (Zacarías 12:10) 

Este período corresponde a la septuagésima semana profética revelada al profeta Daniel (Daniel 9:24-27). En esta profecía, cada semana tiene siete años de duración, porque son proféticas (heb. Shabua), de manera que abarcan 490 años. Son totalmente necesarias para la reunión y restauración del pueblo escogido,
“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.” (Daniel 9:24)

Se divide en tres periodos de tiempo: Siete semanas, sesenta y dos semanas y una semana. Comienza cuando Nehemías recibe la autorización del rey Artajerjes para la restauración y edificación de Jerusalén (445 aC.); esta obra tomó 49 años en completarse, por eso la profecía describe ese tiempo en siete semanas o 49 años y luego sesenta y dos semanas adicionales o 434 años, lo que nos lleva a la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén; suman 483 años. Luego se detiene el conteo profético para dar paso al sacrificio de Jesús y la era de la Iglesia. Una vez ocurra el arrebatamiento, se reanudará el trato de Dios con la nación de Israel en la semana 70 o el período de la tribulación,
“Y  por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.” (Daniel 9:27) 

El profeta Jeremías quedó espantado al observar esta época en visión profética,
“Porque así ha dicho Jehová: Hemos oído voz de temblor; de espanto, y no de paz. Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz; porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros. ¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado.” (Jeremías 30:5-7) 

El ángel del Señor le aseguró al profeta Daniel que este tiempo sería muy difícil, pero Dios tiene el control final y traerá liberación a su pueblo,
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro.” (Daniel 12:1)  

El Señor le dejó saber al apóstol Juan, en la revelación del Apocalipsis, que será un tiempo de prueba donde Dios infligirá  toda clase de males contra la humanidad impenitente, para que sea revelado el verdadero carácter de las personas. Se producirá un efecto de polarización, donde algunos se arrepentirán de su maldad y otros se volverán enemigos abiertos de Dios; no habrá puntos intermedios,
“Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.” (Apocalipsis 3:10) 

El período de la tribulación será una época donde los mismos elementos de la naturaleza serán sacudidos y no habrá paz ni seguridad para nadie,
“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.” (Lucas 21:25,26) 

El profeta Isaías había recibido la unción del Señor para predicar sobre la época de la gracia y también sobre el período de la tribulación; lo llamó, el día de venganza de Dios, 
“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro…” (Isaías 61:1,2)  

La Iglesia de Jesucristo no pasará por ese período, ya que es un tiempo de ira y Dios ha prometido no dejarnos pasar por ahí. La Iglesia ha atravesado por muchos períodos de tribulación en su  historia, pero no está puesta para pasar por esa tribulación final, sino que será arrebatada antes del comienzo de ese período,      
“Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo…” (1 Tesalonicenses 5:9) 

El período de la tribulación será el comienzo del “día del Señor”. Es muy importante entender que este día profético tendrá una duración de más de mil años, ya que abarca el período de la tribulación, la segunda venida de Jesús, los primeros mil años del gobierno teocrático del Señor, la segunda revuelta de Satanás, su destrucción en el lago de fuego, junto a sus ángeles caídos y el juicio ante el gran trono blanco,
“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas… Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia…” (2 Pedro 3:10,13)

Después de estos eventos, se menciona que el cielo se enrollará como un pergamino para dar paso a los nuevos cielos y tierra,
“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más…” (Apocalipsis 21:1)   

El día del Señor es literalmente un tiempo donde Dios completará la restauración de todas las cosas, ya no habrá más “paños tibios”, como decimos en Puerto Rico. 

Algunos intérpretes, por no entender esto, predican que la Iglesia estará en la tierra cuando el anticristo se manifieste, basados en el pasaje de la carta a los tesalonicenses, 
“Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.” (2 Tesalonicenses 2:1-4) 

Había una gran preocupación en los creyentes de Tesalónica de que ya hubiera acontecido el arrebatamiento y ellos se hubieran quedado. Pablo les aclara que tanto la gran apostasía como la manifestación del anticristo son eventos del día del Señor, que no corresponden a la época de la Iglesia. Las palabras: “... no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición…” significa que tendríamos que ver esas cosas para entender que ya comenzó el día del Señor, lo cual no será así.   

La Iglesia solamente experimentará los años de “principio de dolores” que ya están presentes en el mundo, 
“... Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.” (Mateo 24:4-8)

Por eso, las profecías dadas por Jesús en Mateo 24, desde el versículo 9 en adelante, tienen que ver con la nación de Israel en medio de la semana 70.     

Se nos manda a estar apercibidos como Iglesia, porque en cualquier momento puede ocurrir el arrebatamiento y dar comienzo el día del Señor,   
“... el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.” (1 Tesalonicenses 5:2-6)   

Continuará…  


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