Tuesday, September 22, 2026

El Tiempo de los Gentiles y la Plenitud de los Gentiles: Parecidos, pero no iguales

Hay expresiones proféticas en las Escrituras que, por su semejanza, pueden confundirse fácilmente. Dos de ellas son “los tiempos de los gentiles” y “la plenitud de los gentiles”. Aunque ambas están relacionadas con el programa profético de Dios para las naciones y para Israel, no describen exactamente lo mismo. Una tiene que ver principalmente con el dominio político de las naciones gentiles sobre Jerusalén y el escenario mundial; la otra, con la entrada de los gentiles en el propósito salvador de Dios durante el período en que Israel experimenta un endurecimiento parcial. Comprender esta diferencia nos ayuda a colocar correctamente varias piezas importantes del rompecabezas profético.

1. Los tiempos de los gentiles

Jesús declaró: “Y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan”. (Lucas 21:24)    

La expresión utilizada por el Señor apunta a un período caracterizado por el predominio gentil sobre Jerusalén y en un sentido profético más amplio, por el gobierno de las potencias gentiles en el escenario mundial. Sus raíces proféticas nos llevan al libro de Daniel. En el capítulo dos de Daniel, Nabucodonosor contempla en sueños una enorme imagen compuesta de diferentes materiales. Daniel revela que aquella imagen representaba una sucesión de reinos humanos. La cabeza de oro representaba a Babilonia; después vendrían otros imperios hasta llegar finalmente a los pies de hierro mezclado con barro. Pero entonces sucede algo extraordinario: “Una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó.” (Daniel 2:34)

Posteriormente el profeta explica: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido”. (Daniel 2:44) La piedra representa el Reino de Dios, en la persona del Mesías Jesucristo. 

2. ¿Cuándo comenzaron los tiempos de los gentiles?

Históricamente, Jerusalén cayó ante Nabucodonosor y el templo fue destruido aproximadamente en 586/587 a. C. Judá perdió su soberanía nacional y comenzó una larga etapa de sometimiento bajo potencias gentiles. Babilonia fue seguida por Medo-Persia, Grecia y Roma. Y aunque las formas de gobierno han cambiado a través de los siglos, desde la perspectiva profética de Daniel el sistema de gobierno humano gentil continúa hasta su confrontación final con el Señor Jesucristo, Rey de Reyes y Señor de señores.     

Por eso, los tiempos de los gentiles no deben confundirse simplemente con el período de la Iglesia. Comenzaron siglos antes del nacimiento de la Iglesia y alcanzarán su culminación cuando Cristo regrese en gloria. Será entonces cuando la Piedra golpeará definitivamente la estructura de los reinos humanos y Cristo establecerá su Reino.

3. La plenitud de los gentiles

Pablo utiliza una expresión diferente: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.” (Romanos 11:25)    

Aquí el énfasis cambia. El capítulo veintiuno de Lucas habla de “los tiempos de los gentiles”; en cambio, Romanos once dice: La plenitud de los gentiles. Esta expresión se relaciona particularmente con el propósito redentor de Dios, durante el endurecimiento parcial de Israel, donde el evangelio ha salido poderosamente hacia las naciones. Esto no significa que ningún judío pueda salvarse durante este período. Pablo mismo era israelita, y a través de toda la historia de la Iglesia han existido judíos creyentes en Jesús como Mesías. Por eso Pablo cuidadosamente dice: Endurecimiento en parte, no es total, tampoco es permanente. Tiene un límite establecido por Dios: “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”.

Dos relojes proféticos diferentes

Podemos expresarlo de una manera sencilla: Los tiempos de los gentiles tienen un énfasis político y gubernamental. La plenitud de los gentiles tiene un énfasis redentor y espiritual.

Los tiempos de los gentiles describen el período durante el cual las potencias gentiles dominan el escenario mundial relacionado con Jerusalén. La plenitud de los gentiles señala el propósito de Dios de llamar de entre las naciones un pueblo para su nombre, mientras Israel permanece bajo endurecimiento parcial. Son dos períodos que se superponen durante una parte considerable de la historia, pero no comenzaron necesariamente al mismo tiempo ni tienen exactamente la misma función profética.

La Iglesia y la plenitud de los gentiles

Después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, y particularmente a partir de Pentecostés, comenzó la formación de la Iglesia. El Evangelio salió de Jerusalén, pasó a Judea y Samaria y alcanzó hasta lo último de la tierra. Pero el capítulo quince de Hechos presenta una declaración sumamente significativa: “Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre.” (Hechos 15:14) 

Esto se entiende como la formación de un pueblo con una identidad y vocación particular: La Iglesia, integrada por judíos y gentiles creyentes en Cristo. Esto no significa que los gentiles se conviertan en Israel, ni que la Iglesia absorba o reemplace al Israel nacional. Pablo mantiene las dos líneas, por un lado está ocurriendo la entrada de los gentiles; por otro, Israel continúa existiendo como el pueblo nacional respecto del cual permanecen vigentes las promesas y el llamamiento de Dios. La Iglesia posee un llamamiento predominantemente celestial y espiritual; Israel conserva las promesas nacionales y terrenales que alcanzarán su cumplimiento en el Reino mesiánico y milenial.

Por eso, cuando Pablo habla de la entrada de la plenitud de los gentiles en Romanos 11:25, inmediatamente continúa hablando de Israel: “Y luego todo Israel será salvo.” (Romanos 11:26) 

Mientras Dios está tomando de entre las naciones un pueblo para su nombre, Israel permanece bajo un endurecimiento parcial y temporal. Pero llegará el momento determinado por Dios en que ese endurecimiento será removido y el Señor llevará a cumplimiento las promesas hechas a la nación.

Tenemos, por tanto, dos líneas proféticas que no debemos confundir:

  1. La línea de la Iglesia, relacionada con un pueblo llamado de entre judíos y gentiles, unido espiritualmente a Cristo y destinado a estar con Él.

  2. La línea de Israel, que conserva su identidad nacional y territorial, avanzando proféticamente hacia su restauración, el reconocimiento de su Mesías y el establecimiento del Reino milenial.

Estas líneas se relacionan dentro del propósito redentor de Dios, pero no deben fusionarse hasta hacer desaparecer las distinciones que la profecía bíblica mantiene entre Israel y la Iglesia. La salvación de los gentiles a través de la Iglesia, no cancela el pacto ni las promesas de Dios con Israel. Dios está desarrollando propósitos distintos que finalmente convergen bajo el señorío del Mesías Jesucristo. 

¿Qué relación tiene esto con la séptima trompeta?

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 11:15)    

Proféticamente encontramos aquí un punto de transición extraordinario, la séptima trompeta anuncia la certeza de que los reinos de este mundo pertenecen finalmente al Señor y a su Cristo. Desde este punto, los acontecimientos avanzan inexorablemente hacia la destrucción del sistema de la Bestia, la intervención divina en favor de Israel y el regreso glorioso de Jesucristo. Los acontecimientos asociados con la séptima trompeta señalan una transición decisiva hacia la fase final del trato de Dios con Israel y las naciones.

Una vez concluida la época de la plenitud de los gentiles, Dios vuelve su atención profética hacia Israel, para su restauración final. El capítulo doce de Apocalipsis presenta a Israel bajo una terrible persecución. La mujer (figura profética de Israel) huye al lugar preparado por Dios mientras el dragón procura destruirla. En el capítulo veinticuatro de Mateo, Jesús advirtió: “Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes.” (Mateo 24:16) 

La presión sobre Israel alcanzará dimensiones únicas en la historia: “¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado.” (Jeremías 30:7)   

Pero aquello que parecerá significar su destrucción será utilizado providencialmente para conducir al remanente hacia su Mesías: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron,” (Zacarías 12:10) 

Y Pablo declara: “Y luego todo Israel será salvo.” (Romanos 11:26)  

No significa necesariamente que cada israelita individual será salvo automáticamente, sino que habrá una conversión nacional del remanente de Israel, que reconocerá finalmente a Jesús como el Mesías prometido.

La Piedra golpeará la imagen

La época presente no terminará con el triunfo del anticristo, ni con el gobierno mundial de la Bestia, tampoco con una organización internacional, ni con un imperio humano; terminará con la intervención del Señor Jesucristo como Rey de reyes y Señor de señores. Él es la piedra cortada del monte que impactará los reinos del mundo y los desmenuzará, estableciendo en su lugar el gobierno perfecto de Dios sobre el mundo: “Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó… Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre,” (Daniel 2:34,44) 

Los gobiernos humanos que se levantaron orgullosamente contra Dios, llegarán a su final. Entonces se cumplirá plenamente el anuncio divino: 

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 11:15) 

Con este gran decreto se completa el tiempo de la plenitud de los gentiles; lo que viene después es la destrucción del gobierno de la bestia, con todo su andamiaje; a la vez se producira el arrepentimiento nacional del remanente fiel y la conversión de Israel. 

Notemos que en el capítulo doce se ilustra la persecución de Satanás contra Israel, lo que obliga al remanente fiel a huir al desierto, conforme a las instrucciones dadas por el propio Jesús hace muchos años: 

“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.” (Mateo 24:15-22) 

Conclusión: tres acontecimientos que no debemos confundir

  1. El arrebatamiento de la Iglesia termina la misión terrenal de la Iglesia en su condición presente, pero no significa que ningún gentil pueda salvarse después. La plenitud de los gentiles tiene que ver con el propósito redentor de Dios entre las naciones mientras Israel permanece bajo endurecimiento parcial. Este proceso continúa más allá del arrebatamiento y encuentra una frontera profética decisiva alrededor de la séptima trompeta. 

  2. Los tiempos de los gentiles tienen un alcance político y gubernamental mucho más extenso. Comenzaron con el dominio gentil sobre Jerusalén, en tiempos de  Nabucodonosor y culminarán definitivamente con la intervención del Mesías y el establecimiento de su Reino. (Romanos 11:25-27; Apocalipsis 7:9-17) 

  3. La séptima trompeta anuncia la completación de la plenitud de los gentiles: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo.” Daniel contempló la Piedra, Juan escuchó la trompeta, Pablo anunció la restauración de Israel y las tres líneas proféticas convergen finalmente en una Persona: “... Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (Apocalipsis 1:5,6) 




 

Friday, September 18, 2026


 La inteligencia artificial, los diez reyes y el escenario profético del período de la tribulacion

“Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase. Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente…” (Apocalipsis 13:15,16) 

Vivimos en una época extraordinaria, en apenas unas décadas, la humanidad ha desarrollado tecnologías que generaciones anteriores difícilmente hubieran podido imaginar: Inteligencia artificial, reconocimiento facial, identificación biométrica, sistemas financieros digitales, enormes bases de datos interconectadas, comunicaciones instantáneas a escala planetaria y más recientemente, robots humanoides capaces de hablar, interpretar su entorno y ejecutar acciones con grados crecientes de autonomía.

¿Estamos contemplando tecnologías que algún día podrían ser utilizadas dentro del sistema mundial descrito en Apocalipsis? ¿Podría la inteligencia artificial desempeñar algún papel en aquello que Juan denomina “la imagen de la bestia”? ¿Cómo podría un gobierno futuro controlar económicamente a millones de seres humanos hasta el extremo de impedirles comprar o vender? ¿Y qué relación podría existir entre la actual infraestructura tecnológica y la futura federación de diez reyes anunciada por Daniel y posteriormente revelada con mayor claridad en Apocalipsis?

Debemos acercarnos a estas preguntas con discernimiento profético. No debemos convertir cada nuevo adelanto tecnológico en un cumplimiento automático de la profecía. Sin embargo, tampoco debemos cerrar los ojos ante una realidad impresionante: El mundo está desarrollando la capacidad tecnológica para hacer posibles sistemas de alcance global que, hasta hace muy poco tiempo, no parecían posible. 

Daniel y el aumento del conocimiento

Cuando Daniel recibió las revelaciones concernientes al tiempo del fin, recibió esta instrucción:

“... cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.” (Daniel 12:4)  

Resulta imposible negar que nuestra generación está experimentando una explosión del “conocimiento humano” sin precedentes históricos y la inteligencia artificial está acelerando ese proceso todavía más.

La imagen de la bestia: ¿tecnología, milagro sobrenatural o ambas cosas?

El capítulo trece de Apocalipsis nos presenta uno de los relatos más impresionantes de toda la profecía bíblica. El falso profeta preparará el escenario mundial para obligar a todos los moradores de la tierra a unirse totalmente al sistema de la bestia: “...mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió …” (Apocalipsis 13:14)   

Y entonces ocurrirá algo extraordinariamente espantoso: 

“... y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase …” (Apocalipsis 13:14,15) 

Durante siglos, los estudiantes de la Biblia se han preguntado: ¿Cómo puede una imagen hablar? Hoy esa pregunta ya no resulta tecnológicamente extraña; la inteligencia artificial puede mantener conversaciones, reconocer rostros, interpretar imágenes, procesar enormes cantidades de información y responder en numerosos idiomas. De manera simultánea, diferentes países están desarrollando robots humanoides cada vez más sofisticados. Una máquina con apariencia humana podría potencialmente estar conectada a sistemas de inteligencia artificial, cámaras, reconocimiento facial, bases de datos y redes de comunicación.

La inteligencia artificial y la robótica moderna demuestran que una imagen artificial capaz de hablar, responder e interactuar con seres humanos. Está tecnología está en desarrollo y formará parte esencial del diario vivir de los seres humanos. El verdadero problema no es la tecnología: Es quién la controla. Este es quizá el punto más importante. Estas tecnologías pueden tener aplicaciones legítimas y beneficiosas. Pero, debemos preguntarnos: ¿Quién tendrá finalmente autoridad sobre esos sistemas y para qué serán utilizados? Una tecnología creada originalmente para ayudar al ser humano podría posteriormente ser adquirida por una autoridad que la utilizara para otros propósitos.

Los diez dedos de la profecía de Daniel

La gran imagen que Nabucodonosor contempló en el capítulo dos de Daniel representa la sucesión de grandes poderes proféticos relacionados con el programa divino. Finalmente llegamos a los pies y los dedos. Daniel dice:

“Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil.” (Daniel 2:42) 

Apenas  dos versículos después encontramos una declaración fundamental: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido…” (Daniel 2:44) 

Resulta muy significativo el simbolismo de los diez dedos representando a diez reyes, creando una federación que será parte esencial del gobierno del anticristo. El capítulo siete de Daniel desarrolla nuevamente esta revelación, pero ahora mediante diez cuernos:

“La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará. Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará.” (Daniel 7:23,24) 

Siglos después, Juan contempla nuevamente diez cuernos: “Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes…” (Apocalipsis 17:12) 

Hierro y barro: fortaleza sin verdadera cohesión

Aquí aparece otro detalle fascinante. Daniel declara: “Se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro.” (Daniel 2:43) 

Esto parece describir una estructura poderosa pero internamente heterogénea. En la actualidad, el mundo presenta diferentes tendencias de poder. Por un lado existen sistemas donde el poder está relativamente distribuido, regulado por instituciones, elecciones, tribunales y diferentes mecanismos de fiscalización (barro). Por otro lado existen sistemas caracterizados por una mayor concentración del poder y una capacidad mucho mayor de imposición estatal. (hierro). Entre ambos extremos existen numerosas combinaciones: democracias de diferentes modalidades, monarquías, gobiernos autoritarios, sistemas de partido dominante, gobiernos religiosos y sistemas híbridos.

Sin embargo, resulta interesante considerar que hierro y barro podrían reflejar una futura federación formada por poderes políticamente diversos, algunos caracterizados por mayor rigidez y concentración de autoridad y otros por estructuras considerablemente más flexibles. No se mezclan naturalmente, pero algo terminará uniéndolos. Podrían existir profundas diferencias culturales, económicas, políticas e incluso religiosas entre ellos. Sin embargo, llegará un momento en que esos gobiernos considerarán necesario entregar una extraordinaria cantidad de autoridad a un líder.

Diez gobiernos diferentes, pero un mismo propósito

Él capítulo diecisiete de Apocalipsis nos proporciona una pieza fundamental: “Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia.” (Apocalipsis 17:13) 

¿Qué circunstancias producirán esa decisión? La Biblia no lo especifica, pero conociendo la situación extremadamente inestable que atravesará el mundo durante ese período, podría tratarse de una combinación de crisis políticas, económicas, militares y sociales. 

De una federación mundial al control económico

El capítulo trece de Apocalipsis nos declara: “Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca … y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.” (Apopcalipsis 13: 16,17) 

Pensemos en la magnitud administrativa de esta profecía: Para impedir que una persona específica pueda comprar o vender, un sistema tendría que ser capaz de alguna manera de: Identificarla, autenticarla, conocer su autorización y aceptar o rechazar su transacción. Durante prácticamente toda la historia humana habría sido extremadamente difícil imaginar un sistema semejante funcionando a gran escala. Hoy podemos comprender perfectamente cómo algo parecido podría hacerse técnicamente y que la infraestructura necesaria para ejercer un control económico individualizado  ya está entre nosotros.

En la actualidad, la Inteligencia Artificial puede analizar enormes cantidades de información, puede realizar reconocimiento facial para identificar individuos a través de cámaras, mediante la Biometría puede autenticar su identidad mediante características físicas. Además puede preparar una Identidad digital para relacionar una persona con servicios y credenciales. La Economía digital permite realizar transacciones sin dinero físico; basada en datos interconectados, permitiendo compartir información entre diferentes sistemas. La Robótica humanoide permite incorporar sistemas de inteligencia artificial a máquinas capaces de interactuar físicamente con seres humanos.

Cada una de estas tecnologías por separado puede tener usos perfectamente legítimos, pero cuando las colocamos juntas, el resultado es una capacidad tecnológica para identificar, autenticar, comunicar, vigilar y restringir acceso a una escala jamás conocida. Entonces volvemos a nuestra pregunta inicial: ¿Qué ocurriría si algún día semejante infraestructura quedara bajo un gobierno totalitario de alcance mundial?

Las escrituras proféticas nos revelan que finalmente aparecerá una autoridad que utilizará ese poder para exigir algo muchísimo más grave que obediencia política: Adoración.

En el capítulo tres de Daniel aparece un episodio que adquiere enorme importancia cuando lo comparamos con el capítulo trece de Apocalipsis: Nabucodonosor levantó una imagen, convocó representantes de diferentes pueblos, ordenó que todos se postraran ante ella y estableció pena de muerte para quienes se negaran. Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” (Daniel 3:17,18) 

Observe la secuencia: Poder político - imagen - adoración - coerción - pena de muerte. Él capítulo trece de Apocalipsis presenta el mismo patrón a excepción del control económico.  El individuo que rechaza el sistema no solamente enfrenta persecución religiosa. También queda excluido de comprar y vender. Daniel 3 parece convertirse así en un extraordinario antecedente del conflicto final descrito por Juan.

Relación con Agenda 2030 

Debemos ser vigilantes, sin especular. Existen razones legítimas para que los cristianos examinenos cuidadosamente proyectos internacionales relacionados con identidad digital, inteligencia artificial, gobernanza tecnológica, economía digital y regulación de información. Notamos la tendencia mundial hacia estas herramientas que, aunque no son malas en sí misma, en las manos equivocadas podrían llevar al mundo al borde de la extinción.     

El peligro no trata fundamentalmente de computadoras, ni de robots humanoides buscando a las personas que no tengan la marca, ni siquiera trata fundamentalmente de economía; el conflicto central es espiritual. Satanás busca lo que siempre ha deseado: La adoración que solamente pertenece a Dios.

Por eso la marca no debe separarse de su contexto espiritual; el sistema económico será un instrumento de coerción. Detrás de todo ello existe una rebelión espiritual contra Dios. El falso profeta dirige la adoración hacia la bestia, y el sistema utiliza diferentes mecanismos para obligar a la humanidad a someterse. El verdadero peligro profético aparece cuando el poder político, económico, tecnológico y religioso converge bajo una autoridad que pretende ocupar el lugar que corresponde exclusivamente a Dios.

Ciertamente están peleando contra Dios, intentando invalidar su Palabra, estorbar sus propósitos y en última instancia evitar la llegada del Reino de Dios al mundo. El terreno se está preparando, pero Cristo tiene la última palabra No podemos ignorar que estamos viviendo una transformación tecnológica extraordinaria. Pero aquí está la esperanza gloriosa del creyente: La bestia no gana, los diez reyes no establecen un reino permanente, la inteligencia humana no sustituye a Dios y Satanás nunca conseguirá apropiarse de la tierra. 

Daniel había anunciado: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido…” (Daniel 2:44) 

Apocalipsis complementa esta revelación: “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes.” (Apocalipsis 17:14)

El salmo dos anticipa esta época con toda claridad: “¿Por qué se amotinan las gentes y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor y los turbará con su ira.” (Salmo 2:1-5) 

La respuesta del pueblo de Dios es esta: “Pero yo he puesto mi Rey sobre Sion, mi santo monte.” (v.6) la Iglesia no contempla los acontecimientos proféticos dominada por el temor. Los observa con discernimiento, sobriedad y esperanza. Las tecnologías pueden cambiar, los imperios pueden levantarse, los gobiernos pueden hacer sus componendas, la ciencia puede multiplicarse, pero la Palabra de Dios permanece para siempre: 

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”  (2 Pedro 1:19)    


Sunday, September 6, 2026

 

Señales del Día del Señor, el Arrebatamiento de la Iglesia y la Salvación del Remanente

“Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado.” (Joel 2:30-32)   

La profecía de Joel constituye uno de los pasajes más significativos para comprender la relación entre el derramamiento del Espíritu Santo, las señales de los últimos tiempos, el Día del Señor y la futura salvación de un remanente de Israel. Para interpretar correctamente este pasaje, es necesario observar su contexto profético y compararlo con otras Escrituras que describen acontecimientos semejantes.

Los versículos anteriores anuncian que Dios derramaría de su Espíritu sobre toda carne: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne...”  (Joel 2:28)

En el capítulo dos de Hechos, cuando se derramó el poder del Espíritu Santo sobre los discípulos, el apóstol Pedro describió el fenómeno como el cumplimiento de la profecía de Joel: 

Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. ” (Joel 2:28-31) 

Pentecostés marcó, por tanto, el comienzo del cumplimiento de una parte fundamental de la profecía: el derramamiento del Espíritu Santo. Sin embargo, esto no significa necesariamente que todo lo anunciado por Joel se cumpliera completamente aquel día. El profeta también habló de señales extraordinarias en el cielo y en la tierra que evidentemente no ocurrieron en Pentecostés.

En el discurso de Pedro en el Aposento Alto no mencionó las señales cósmicas de las que habló Joel (Prodigios en el cielo, sol en tinieblas, la luna en sangre …). porque no eran para un cumplimiento inmediato. Esto nos permite reconocer un principio frecuente en la profecía bíblica: Acontecimientos separados por largos períodos pueden aparecer juntos dentro de una misma revelación profética.    

Estas señales no parecen ser meramente simbólicas. La Biblia vuelve a utilizar expresiones semejantes al describir los acontecimientos finales. Jesús declaró:

“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor...” (Mateo 24:29) 

Apocalipsis también describe fenómenos semejantes:

“...el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre.” (Apocalipsis 6:12)

La semejanza entre Joel, Mateo y Apocalipsis es difícil de ignorar. Los tres pasajes describen alteraciones cósmicas vinculadas con la intervención directa de Dios en los acontecimientos finales de la historia humana. Por esta razón, Joel 2:30-31 debe entenderse principalmente dentro del contexto escatológico que conduce hacia la manifestación del Día del Señor. Joel añade una expresión fundamental: “Antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.” (Joel 2:31) 

El “Día de Jehová” es un tema recurrente entre los profetas del Antiguo Testamento. No se refiere simplemente a un período de veinticuatro horas, sino a un tiempo de intervención divina en la historia, particularmente relacionado con juicio, vindicación y establecimiento del gobierno de Dios. Los profetas utilizan esta expresión para describir acontecimientos en los cuales Dios juzga la rebelión humana y manifiesta su autoridad sobre las naciones. Joel presenta estas señales precisamente como acontecimientos que ocurrirán antes de la llegada de ese gran Día. Esto coloca el cumplimiento final de Joel 2:30-31 dentro del escenario profético de los últimos tiempos.

¿Dónde estará la Iglesia en esta etapa final de la profecía?

Aquí surge una pregunta importante: Si Joel describe acontecimientos relacionados con la Tribulación, Jerusalén, el remanente de Israel y el Día del Señor, ¿qué sucede con la Iglesia durante esta etapa final? Desde una interpretación dispensacional, premilenial y pretribulacional, la respuesta es que la Iglesia ya habrá sido arrebatada antes del comienzo del período de siete años de Tribulación.

El arrebatamiento de la Iglesia es descrito claramente por Pablo: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire...” (1 Tesalonicenses 4:16-17) 

Asimismo, en 1 Corintios 15:51-58, Pablo habla de un misterio en el cual los creyentes serán transformados en un instante. Este acontecimiento es distinto de la Segunda Venida visible de Cristo a la tierra. En el arrebatamiento, Cristo viene por su Iglesia y los creyentes son llevados para encontrarse con Él en el aire. En la Segunda Venida, Cristo regresa con sus santos para establecer su reino y juzgar a las naciones. Esta distinción es fundamental para comprender la secuencia profética.

La promesa de ser guardados de la hora de prueba

Apocalipsis 3:10 contiene una promesa muy significativa: “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero...”

La promesa no consiste simplemente en protección dentro de la prueba, sino en ser guardados de la hora misma de prueba que vendrá sobre el mundo entero. Esto señala que la Iglesia no está destinada a atravesar el período de juicio mundial que corresponde a la Tribulación.

Pablo expresa una enseñanza semejante en 1 Tesalonicenses 5:9: “Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

La Tribulación constituye un período en el cual la ira y los juicios de Dios son derramados sobre un mundo rebelde. La Iglesia, en cambio, es  librada de la ira venidera.

Los siete años de Tribulación y la semana setenta de Daniel

El período de siete años encuentra su fundamento profético en Daniel 9:24-27. El profeta Daniel recibió la revelación de setenta semanas determinadas sobre: “tu pueblo y tu santa ciudad.” El pueblo de Daniel es Israel y la ciudad es Jerusalén. Las primeras sesenta y nueve semanas conducen hasta la manifestación y muerte del Mesías. Queda una semana profética pendiente: la semana número setenta.

Si cada semana representa siete años, esta última semana corresponde a un período de siete años. Daniel 9:27 describe un pacto confirmado por una semana y su ruptura a la mitad de ese período. Esta semana final no está determinada específicamente sobre la Iglesia, sino sobre Israel y Jerusalén. Por eso, una vez terminado el actual período de la Iglesia mediante el arrebatamiento, Dios reanuda de manera directa su trato profético con Israel. Esto explica por qué la última parte de Joel se concentra en Jerusalén, Sion y el remanente; no en la Iglesia.

De Pentecostés al arrebatamiento

Podemos notar una importante secuencia profética:

  • Joel anuncia el derramamiento del Espíritu.

  • Pentecostés marca el comienzo de esta etapa.

  • Durante el presente tiempo, el Evangelio es anunciado y Dios llama de entre judíos y gentiles un pueblo para el nombre de Cristo.

  • Pero este período de la Iglesia no continuará indefinidamente.

  • Llegará el momento en que Cristo vendrá por su Iglesia. Ese acontecimiento cerrará la etapa actual y dará paso a la última semana profética de Daniel.

Podríamos representarlo de esta manera:Pentecostés - Período de la Iglesia - Arrebatamiento - Siete años de Tribulación - Señales cósmicas - Segunda Venida - Salvación del remanente - Reino mesiánico.

Esta secuencia ayuda a comprender porqué Joel comienza con el derramamiento del Espíritu, pero termina hablando de Jerusalén y del remanente. La Iglesia está presente en la primera etapa del cumplimiento histórico de la profecía, pero no en la etapa final de juicio descrita en relación con Israel y las naciones.

Israel vuelve al centro del escenario profético

Después del arrebatamiento, el programa profético vuelve a concentrarse de manera particular en Israel. Esto no significa que Dios haya dejado de obrar entre los gentiles, ni que nadie pueda ser salvo durante la Tribulación, El capítulo siete de Apocalipsis muestra claramente multitudes que llegarán a la fe durante ese período, sin embargo, el énfasis profético vuelve a Israel.

El capítulo nueve de Daniel habla del pueblo de Daniel y Jerusalén. Mateo 24 describe acontecimientos relacionados con Judea. Apocalipsis 7 presenta a ciento cuarenta y cuatro mil sellados de las tribus de Israel. Apocalipsis 11 vuelve a colocar el escenario en Jerusalén. Zacarías 12 describe la futura conversión de Jerusalén y Joel 2 declara que habrá liberación en Sion y Jerusalén. Existe una coherencia notable entre todos estos pasajes, un mensaje de salvación en medio del juicio. 

A la par con esta descripción tan solemne aparece una de las declaraciones más hermosas de la Escritura: “Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo.” (Joel 2:32) 

La gracia de Dios permanece disponible incluso cuando sus juicios están acercándose. El apóstol Pablo utiliza esta misma declaración en Romanos 10:13. Esto es un llamado universal a través de todo el período de la Iglesia y en la Tribulación. 

Apocalipsis 7:9-14 describe una gran multitud procedente de todas las naciones, pueblos, tribus y lenguas que salen de la gran tribulación. Por tanto, el arrebatamiento de la Iglesia no significa que después de este acontecimiento nadie podrá salvarse. Significa que la Iglesia como cuerpo habrá completado su período terrenal, mientras Dios continúa obrando salvación y cumple particularmente sus propósitos proféticos con Israel.

Salvación en Sion y Jerusalén

Joel continúa diciendo: “Porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación...” (Joel 2:32) Este detalle es sumamente importante. La profecía menciona lugares específicos: Sion y Jerusalén. No existe necesidad de espiritualizar estos nombres, ni convertirlos automáticamente en referencias a la Iglesia. Joel estaba hablando al pueblo de Judá y su profecía mantiene una clara dimensión relacionada con Israel y Jerusalén. Esto concuerda con numerosas profecías que anuncian una futura intervención de Dios a favor de Israel:

“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron...” (Zacarías 12:10) 

La Escritura anticipa un momento futuro en el cual el remanente prudente de Israel reconocerá al Mesías. Joel habló sobre: “...el remanente al cual él habrá llamado.”

El concepto de remanente aparece repetidamente en la profecía bíblica. Aunque Israel ha atravesado períodos de incredulidad y disciplina divina, Dios nunca ha anulado las promesas realizadas a Abraham, Isaac y Jacob. Siempre ha preservado un remanente. En el capítulo once de Romanos, Pablo explica que Israel ha experimentado un endurecimiento parcial y temporal: “...ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.” (Romanos 11:25) Después añade: “Y luego todo Israel será salvo...” (Romanos 11:26)     

Esto no significa necesariamente que cada israelita individual será salvo: “... porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.” (Romanos 9:6-8) 

Sin embargo, llegará un momento en el programa profético cuando Israel, como nación, experimentará una poderosa obra de restauración espiritual: “Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.” (Ezequiel 37:14) 

Pentecostés fue el comienzo, no la consumación

Uno de los errores interpretativos que debemos evitar es asumir que, porque Pedro citó Joel en Pentecostés, toda la profecía quedó completamente cumplida aquel día. Pentecostés constituye el comienzo del cumplimiento de la promesa relacionada con el derramamiento del Espíritu. Pero las señales cósmicas anunciadas en los versículos 30 y 31 todavía apuntan hacia acontecimientos futuros.

La profecía de Joel puede visualizarse como un gran arco profético: Derramamiento del Espíritu/ Era de la Iglesia/ Arrebatamiento/ Tribulación/ Señales cósmicas/ Día del Señor/ Salvación del remanente/ Establecimiento del reino mesiánico.

Otro elemento importante es recordar que la división de capítulos no formaba parte del texto original. Después de anunciar la salvación en Jerusalén y la preservación del remanente, Joel pasa inmediatamente a describir el juicio de las naciones: 

  • “Porque he aquí que en aquellos días, y en aquel tiempo, en que haré volver la cautividad de Judá y de Jerusalén, reuniré a todas las naciones, y las haré descender al valle de Josafat, y allí entraré en juicio con ellas a causa de mi pueblo...” (Joel 3:1,2) 

La historia humana no continuará indefinidamente bajo rebelión contra Dios, llegará el momento cuando el Creador de la vida intervendrá directamente en los acontecimientos del mundo. El mensaje para nosotros hoy sigue vigente: “Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo.”